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Friday, June 11, 2021

Día 49 (Levítico 27, Números 3, Deuteronomio 10:8-9)

En la lectura correspondiente al día de hoy se nos presentan instrucciones sobre el precio a pagar por toda promesa voluntaria hecha a Dios, ya fuera de personas o de bienes, así como el encargo hecho a los levitas de servir en todo lo relacionado con la adoración cuyo centro de actividad era el tabernáculo y por último se nos explica por qué los levitas no tenían posesión terrenal.

Los votos eran ofrendas voluntarias de personas o de bienes hechas a Dios. Un hombre podía hacer ofrenda a Dios de sí mismo, de su esposa, de sus hijos, de sus esclavos, de sus bestias, de sus casas, de sus campos. Tales votos eran redimibles y, por regla general, se redimían, aunque hubo algunas excepciones, como en el caso de Samuel, a quien su madre dejó en el templo, es decir, no lo redimió. Como los adultos, entre los veinte y los sesenta años de edad, eran capaces de prestar el mayor servicio, tenían la calificación más alta; los jóvenes, de cinco a veinte, menor calificación; los niños, no podían ser ofrecidos ni redimidos sino hasta un mes después del nacimiento; los ancianos eran valorados por debajo de los jóvenes, pero por encima de los niños; y los pobres eran calificados de acuerdo con sus medios. Se prohibía que los primogénitos de los animales, las cosas consagradas y los diezmos fueran ofrendados, porque ya pertenecían al Señor. Estas ofrendas eran voluntarias, no como el diezmo que sí era obligatorio. Se nota énfasis en la idea de que a Dios le pertenece lo primero, lo que es premium, y por encima de eso, Él es digno de todo lo demás que se le consagre, y pasa a ser propiedad suya, de modo que, para volverlo a obtener, es decir, para redimirlo, es necesario pagar por ello, comprárselo de vuelta. En estos pasajes se aprende mucho acerca del significado del concepto redención. Cristo fue ofrecido como pago para redimirnos a nosotros.

En cuanto al encargo hecho a los levitas de servir en todo lo relacionado con la adoración cuyo centro de actividad era el tabernáculo, había mucho trabajo que pertenecía al oficio de los sacerdotes, y ahora solo estaban Aarón y sus dos hijos para hacerlo; Dios nombra a los levitas para que los asistan. Esto nos enseña que aquellos a quienes Dios asigna trabajo, Él mismo encontrará ayuda para ellos. Los levitas fueron tomados en lugar de los primogénitos. A los levitas se consideraban consagrados a Jehová Dios, como sustitutos de todo primer hijo varón de Israel. Por esta razón el registro de los primogénitos hecho a los israelitas se hizo con el fin de comparar con el número de los levitas que habían sido consagrados que eran 22.000 (veintidós mil). La diferencia de 273 primogénitos no representados por un levita debía pagarse. Por cada uno de ellos se pedía 57 gramos de plata. Por cada israelita primogénito se había ofrecido un levita. Por los primogénitos que no estaban cubiertos era necesario pagar, con lo cual se nota énfasis en lo que pertenece al Señor y cuán importante es el desprendimiento, cuán importante es no sentirnos dueños de nada en esta vida.

Por último, en cuanto a por qué los levitas no tenían posesión terrenal, se nos explica que la posesión de ellos era Dios mismo, posesión preciada de ellos. Al Señor le pertenece todo, pero nosotros contamos con Él como posesión nuestra. Él es nuestro Dios, así como lo es de Abraham, de Isaac y de Jacob, porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos. Gloria a Dios porque Él mismo se da a nosotros por medio de Jesús Su Hijo. No somos dueños de nada en esta vida, pero somos dueños de todo cuando aprendemos a verlo a Él como posesión nuestra.

En conclusión, hemos aprendido acerca de la necesidad de redimir toda promesa hecha a Dios, porque una vez hecha, pasa a pertenecerle a Dios, entendiendo de este modo el concepto de redención, hemos aprendido que los consagrados al Señor le pertenecen a Él, por lo tanto, no somos dueños de nada en esta vida, pero somos dueños de todo porque Él es posesión preciada nuestra.


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