Dios le dice a Moisés que envíe doce espías a la Tierra Prometida, quienes al volver de su misión informan de que la tierra es muy fértil y abundante, pero a diez de ellos los asusta la fuerza de los habitantes de esa tierra, y transmiten el miedo a los demás, provocando que Dios se llene de ira y que, después de la intercesión de Moisés, Él posponga durante cuarenta años la entrada del pueblo a esa tierra, hasta que mueran en el desierto todos los adultos, excepto Josué y Caleb.
En primer lugar, la
idea de enviar doce espías, en realidad, fue del pueblo, pero, aunque para Dios
no era necesario, Él estuvo de acuerdo y le pidió a Moisés que lo hiciera y
entre ellos fueron incluidos Josué y Caleb. A estas alturas del relato, todo
iba bien, todo parecía indicar que muy pronto iban a entrar a tomar posesión de
la tierra. Se tomaron cuarenta días para la misión exploradora, lo que les
permitió comprobar la abundancia y bondad de la tierra y también valorar la fortaleza
de los habitantes a quienes debían echar de ella. Esto puede ser una lección
acerca de cómo Dios, quien espera que andemos por fe y no por vista, a veces nos
permite “tantear el terreno” antes de entrar en acción en el cumplimiento de
una misión Suya.
Cuando ellos volvieron
el informe coincidía en el punto de la abundancia y la bondad de la tierra,
pero que difería en cuanto al punto de la fortaleza de los habitantes. Diez de
los espías se llenaron de miedo y transmitieron este miedo a todo el pueblo. Josué
y Caleb se indignaron y acompañados de Moisés y Aaron imploraron al pueblo que
entraran a tomar posesión de la tierra, que no se dejaran llevar por el informe
de los diez espías negativos. La lección que podemos aprender en este punto es que
la fe cambia el panorama de forma radical. Necesitamos aprender que, cuando de
hacer la voluntad de Dios se trata, es necesario tener fe como Josué y Caleb
para poder tomar decisiones valientes y no necesariamente insensatas.
Entonces, Dios se indignó
profundamente y se ofendió por la falta de fe de ellos y decide destruirlos
allí mismo, pero la intercesión de Moisés logra que Dios cambie de opinión y decrete
que la entrada para tomar la tierra no se va a llevar a cabo sino hasta después
que mueran en el desierto todos los que tienen más de veinte años, de modo que
a la tierra entrarán solamente los que en ese momento tienen menos de veinte
años. Esto es lo que provoca que ellos tengan que andar errantes por el
desierto durante cuarenta años. Es obvia la lección en cuanto a que Dios es un Dios
de ira, y que Él toma decisiones en cuanto al destino de las personas con las
cuales trabajamos, pero que existe la posibilidad de ser revertidas si
razonamos con Él en oración para que les de un curso de acción alternativo.
En conclusión, hemos aprendido
que, cuando de hacer la voluntad de Dios se trata, Él permite que primero
probemos el terreno, que es necesario tomar decisiones valientes, pero no insensatas,
y que existe la posibilidad de que él cambie sus decisiones en cuanto al destino
de las personas con las cuales trabajamos si razonamos con Él en oración.
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