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Tuesday, June 29, 2021

Día 55 (Deuteronomio 1:41-46, Números 14:40-45, Salmos 90, Números 33:18-36, Números 16)

El pueblo, impulsado por el remordimiento, tomó la mala decisión de entrar en batalla a tomar posesión de la tierra, pero les fue terriblemente mal porque lo hicieron a sabiendas de que el Señor no iba a ir con ellos, esto los llevó a la reflexión que se evidencia en el Salmo 90, de Moisés, donde este siervo reconoció que los humanos nada somos a la par del Señor y le pide que por amor les dé Su aprobación para que los deje entrar en los proyectos de Él, pero esto no evitó que anduvieran errantes durante cuarenta años en el desierto, y tampoco evitó la oposición de algunos con quienes el Señor fue implacable para destruirlos y a cuyos seguidores fue necesario salvar de una plaga que les envió el Señor.

El pueblo sentía remordimiento por haber sido faltos de fe y no haber entrado a tomar posesión de la tierra cuando el Señor los tuvo cerca de ella, y actuando bajo el impulso de ese remordimiento tomaron la mala decisión de entrar a la batalla, pero lo hicieron sin contar con el acompañamiento de Moisés ni del arca del pacto del Señor, en otras palabras, sin contar con la aprobación de Él, por lo tanto, les fue terriblemente mal: sufrieron una humillante derrota por parte de las tribus paganas que habitaban en aquellas tierra. Moisés les enseña que cuando los humanos abandonamos al Señor, Él nos abandona a nosotros. Esto nos recuerda la importancia de no actuar bajo el impulso de nuestras emociones, aun cuando las intenciones son buenas, porque nuestras emociones nos pueden traicionar al hacernos actuar sin la aprobación divina.

Debido a lo anterior, Moisés fue inspirado a componer un Salmo, el Salmo 90, donde se evidencia la transitoriedad de la vida humana, y la sustancia tan despreciable de la cual somos hechos, que es polvo de la tierra, y se evidencia también que la ira del Hacedor es completamente justificada, por lo tanto, es necesario pedirle que por Su amor Él nos permita entrar en Sus proyectos, abandonando, eso sí, los nuestros, y así nuestros esfuerzos puedan ser prosperados.

Sin embargo, el hecho de que Moisés pusiera en práctica lo que evidencia en el Salmo no evitó que anduvieran errantes durante cuarenta años en el desierto, tal como lo evidencia la larga lista de lugares que se presenta en Números 33:18-36. Tampoco evitó que sufriera la rebelión de Datán y Coré, la cual Moisés maneja con la más admirable sabiduría, pues, siendo un hombre lleno del temor de Dios, entiende perfectamente que la venganza es de Jehová, que es Su ira la que hace justicia, y fue de este modo que, sin dejarse llevar por las impertinencias de los rebeldes, simplemente los retó a someterse junto con él al juicio divino, para que fuera Dios quien decidiera quiénes eran los aprobados, lo cual Dios mostró haciendo que se abriera la tierra para tragarse a los rebeldes. Tampoco se evitó que Dios enviara una plaga contra los seguidores de los rebeldes, a quienes Moisés y Aarón tratan de salvar poniéndose, incensario en mano, entre los vivos y los muertos. No olvidemos que el incienso representa las oraciones de los santos, por lo tanto, una forma de salvar a los opositores entre nosotros es orando fervientemente por ellos.

En conclusión, necesitamos aprender que si el Señor no va con nosotros de nada sirve ir por la vida sin Él, y para saber que Él va con nosotros es necesario humillarnos reconociendo que en realidad nada somos a la par de Él para luego pedirle Su aprobación y que nos deje entrar en Sus proyectos sacrificando los nuestros, y así no habremos andado en vano por la vida, entendiendo que en todo el trayecto habrá oposición la cual el Señor se encargará de apartar y habrá seguidores de ellos a quienes “salvar” por medio de la oración.



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