Después de nuestra lectura de hoy nos encontramos con instrucciones acerca de cómo juzgar a una esposa cuyo marido sospecha que le ha sido infiel, y también instrucciones para los que deseen hacer lo que se conoce como el voto especial de nazareo y por último asistimos al sabio consejo que dio Jetro, suegro de Moisés, de hacer partícipes a otros hombres idóneos del trabajo de resolver casos entre los que están en conflicto.
En relación con las
instrucciones sobre cómo juzgar a una esposa cuyo marido sospecha que ella le
ha sido infiel, es lógico que nos cause extrañeza el método y nos puede parecer
muy cruel e injusto para con la mujer que se proceda de tal manera con ella. Los
más triste es que era la inocente la que se veía obligada a beber la horrible pócima,
porque la culpable que confesaba se salvaba de beberla. Sin embargo, podemos
estar seguros de que la inocente contaba con la protección divina y se salvaba
de la vergüenza. ¿Qué enseñanza podemos sacar de esta parte de las Sagradas
Escrituras que sea congruente con todo el resto de ellas? 1) Que aventurarse a
los placeres prohibidos, tiene como consecuencia la más horrible amargura al
final y 2) que Dios escudriña los corazones y conoce los pecados secretos y, a
veces, se descubren extrañamente en esta vida. Tomemos nota de lo que se lee en
1 Timoteo 5:24: “Los pecados de algunos hombres se hacen patentes antes que
ellos vengan a juicio, mas a otros se les descubren después”.
La palabra nazareo
significa separación. Algunos fueron designados por Dios, antes de su
nacimiento, para ser nazareos todos sus días, como Sansón y Juan el Bautista.
Pero, en general, era un voto de separación del mundo y de consagración a Dios,
por un tiempo limitado y bajo ciertas reglas, que cualquier persona podía hacer
si quería. Es importante señalar que, una vez cumplido el período de consagración,
ellos debían “asegurarse de cumplir con todo lo que juraron cuando se apartaron
como nazareos” (Números 6:21). Es instructivo conocer todos los no y los sí del
voto nazareo y el porqué de ellos. Por ejemplo: Sí a dejarse crecer el cabello,
¿por qué? Bueno, porque de esa manera se estaba indicando que cesaba el cuido
de la apariencia renunciando así a la vanidad de ella. Luego, No al consumo de
bebidas alcohólicas y de todo lo que tuviera relación con la uva, porque la
sobriedad es requisito muy importante para una persona consagrada. El No al contacto
con cadáveres y con cualquier impureza, se prescribía por obvias razones. Hoy que
estamos bajo la gracia, tenemos más poderosas razones para aplicar el simbolismo
de estas instrucciones presentando nuestros cuerpos como sacrificio vivo,
santo, agradable a Dios y procurando la renovación del entendimiento, para
estar siempre consagrados al Señor. En otras palabras, ¡nuestro voto nazareo es
permanente!
Por último, el sabio
consejo que dio Jetro a su yerno Moisés es perfectamente aplicable en nuestros
tiempos, y con mucha mayor razón, porque al estar bajo la gracia, todos hemos
recibido dones que nos vuelven idóneos para un servicio u otro. Este consejo
fue en el sentido de hacer partícipes a otros hombres idóneos del trabajo de resolver
casos entre los que están en conflicto. Es digno de tomar nota Éxodo 18:20: “Enséñales
los decretos de Dios; transmíteles sus instrucciones; muéstrales cómo
comportarse en la vida”. Es prácticamente lo mismo que leemos en 2 Timoteo 2:2:
“Ahora enseña estas verdades a otras personas dignas de confianza que estén
capacitadas para transmitirlas a otros”. En la iglesia no debe haber recarga de
funciones en una sola persona, no es sano para la persona ni para la iglesia.
Terminamos nuestro
devocional haciendo un recuento de lo que hemos aprendido: Dios escudriña
nuestros corazones y conoce los pecados secretos, nuestro voto nazareo es
permanente, para toda la vida y, por último, la iglesia necesita que se
repartan las cargas para que los miembros puedan ministrarse unos a otros
(Efesios 4:16).
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