Resumen de la lectura y notas (Adaptado de http://www.wycliffenz.org)
1491 a. C. Empoderado por Dios, Moisés manda terribles plagas para golpear a los egipcios que comienzan a respetar al Dios hebreo. Faraón se niega de nuevo a liberarlos.
Comentario (Carlos Ulate)
Dios resuelve en un dos por tres la objeción de Moisés de que él es torpe para hablar, de que no se siente a la altura para ir a enfrentarse a faraón con esa petición tan contraria a los deseos de faraón. Dios resuelve dándole a Aarón como su profeta, su portavoz. Curiosamente le dice a Moisés, tú vas a hacer con Aarón como yo hago contigo. Tú eres para Aarón como Dios y Aarón es para ti como tú eres para mí. Solución presta para una objeción presentada por un hombre que se resiste a hacer la voluntad de Dios. Recuerda aquel pasaje que dice que cuando los hombres callen, las piedras hablarán (Lucas 19:40).
Luego, aparece esta llamativa explicación de Dios: "haré que el corazón del faraón se ponga terco, para poder multiplicar mis señales milagrosas y mis maravillas en la tierra de Egipto" (Éxodo 7:3). Este es el motivo de las plagas. Esta razón se repite una y otra vez cuando faraón se negó dejar salir al pueblo de Dios.
Cada vez que Dios hacía que su plaga no fuera suficiente, lo hacía con el fin de mostrar Su gloria a faraón. Faraón creía que él era el que estaba ganando la partida al poder resistir cada una de las plagas, pero no sabía que estaba avanzando hacia un desenlace trágico, devastador para él mismo y su pueblo.
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