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Wednesday, May 26, 2021

Día 40 (Levítico 7:11-38, Éxodo 29, Éxodo 30:22-33, Números 7:48-65)

 Antes de la lectura, la siguiente reflexión: Dios es el Autor de todo lo que existe, Él es la Causa de todo lo que vemos, Él es sustentador de la realidad. Dios es el que da rumbo a la marcha de Su creación. Todo marcha conforme a Su propósito. Todo va hacia un desenlace que ya Él decidió.

Por lo tanto, Él es digno de toda la alabanza y de toda la adoración. Todo lo que hacemos, merece que lo hagamos para Su gloria. Y lo que evitamos hacer, lo evitamos porque si lo hacemos, le resta gloria. 

Oramos para darle gloria, le pedimos para esta vida porque estamos seguros de que Él tiene la solución para los problemas de esta vida. La persona que pide, como la viuda de Lucas 18:1-4, le da gloria porque en el pedirle, le está diciendo a Él, que Él es poderoso para resolverle. Le pedimos porque creemos que Él puede hacerlo, en Su mano está la solución, y esto le da gloria a Él. Esto no garantiza que recibiremos lo que pedimos, pero le glorifica el hecho de que lo hayamos pedido con toda la confianza de que Él es poderoso para hacer mucho más abundantemente de lo que pedimos (Efesios 3:21).

En la lectura de hoy se dan instrucciones para las ofrendas de paz. Se explica cómo dedicar a los sacerdotes y cómo hacer el aceite de la unción. Por último, se presentan las ofrendas de las tribus de Efraín, Manasés y Benjamín.

Uno se pregunta qué pasa con el altar al final del día, cuando ya se han finalizado los sacrificios y todo quedó salpicado de sangre. He aquí la respuesta: " Finalizada la ceremonia, limpia el altar purificándolo; unge el altar con aceite para consagrarlo. Purifica el altar y conságralo cada día, durante siete días. Después el altar será completamente santo, y todo lo que lo toque se volverá santo." (Éxodo 29:36-37).

En cuanto al sentido que tenía hacer todas estas ofrendas de paz que implicaban el sacrificio de animales, con derramamiento de su sangre, he aquí una explicación: "Estas ofrendas quemadas deberás presentarlas cada día, de generación en generación. Ofrécelas en presencia del Señor, a la entrada del tabernáculo; allí me encontraré contigo y te hablaré. Me reuniré allí con el pueblo de Israel, en el lugar que se hace sagrado por mi gloriosa presencia. Así es, consagraré el tabernáculo y el altar, y consagraré a Aarón y a sus hijos para que me sirvan como sacerdotes. Entonces viviré en medio de los israelitas y seré su Dios, y ellos sabrán que yo soy el Señor su Dios. Yo soy quien los sacó de la tierra de Egipto para vivir entre ellos. Yo soy el Señor su Dios" (Éxodo 29:42-46).

Se indica claramente que todo tenía que ver con mantener una relación con Él, una relación que había que mantener viva, por medio de la continua ofrenda de lo más valioso que ellos podían tener, y eso era su ganado, su grano, su aceite en incluso su vino.

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