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Thursday, May 27, 2021

Día 41 (Levítico 8, Números 7:66-89, Números 9:1-14, Números 1:1-33)

 Los pasajes de hoy abarcan la consagración de los sacerdotes, las ofrendas de las tribus de Dan, Aser y Neftalí, la celebración de la Pascua (ya ha pasado un año desde salieron de Egipto), y el registro de todos los que son aptos para la guerra.

En cuanto a la consagración de los sacerdotes, esta incluye que se les lave en agua, se les pongan las vestiduras especiales de alta costura, que se les unja con aceite especial y que se haga ofrenda por el pecado, ofrenda quemada y ofrenda de ordenación. Estas palabras explican el objetivo de la consagración: "Todo lo que hemos hecho hoy fue ordenado por el Señor con el fin de purificarlos y hacerlos justos ante él" (Levítico 8:34). También se lee: "De esta manera, hizo santos a Aarón y a sus hijos junto con sus vestiduras" (Levítico 8:30). Esta parte de la lectura sirve para reflexionar sobre la necesidad de que los hijos de Dios como sacerdocio de Dios que somos en Cristo, también tengamos un lavamiento simbólico, un vestirnos de Cristo, un aceptar de su sacrificio en la cruz por nosotros, y un recibir el Espíritu Santo que es como la unción o sello que recibimos. Todo esto es para hacernos santo y justos delante de Él y lo que se necesita para servirle en Su reino. El resultado de santidad y justicia son resultado de Su gracia.

En cuanto a las ofrendas de las tribus que faltaban (porque en días atrás vimos cómo las demás tribus ya lo habían hecho), es digno de notar que las ofrendas de cada una de ellas, son ofrenda por el pecado, ofrenda quemada y ofrenda de paz. Es importante entender lo que cada una representa. La ofrenda por el pecado es para quitar el pecado, es decir quitar el estorbo, quitar lo que impide la relación. La ofrenda quemada es de adoración, de alabanza, como una forma de mostrar que Él merece toda la gloria, y es digno de que se le ofrezca lo más preciado de nuestro ser. La ofrenda de paz es de mantenimiento de la relación, es ofrenda que indica que estamos interesados en mantener la paz con Él y que, en el caso nuestro, Él hizo posible por medio del sacrificio de Jesús.

En cuanto a la celebración de la Pascua, puede notarse aquí que hay un paralelo con recordar el cuerpo de Cristo, pues en el Nuevo Testamento se enseña que Cristo es nuestra Pascua. Él es el Cordero que fue ofrecido por nosotros y cuya sangre de la cual estamos cubiertos hace que el ángel de la muerte "pase" de nosotros, es decir no nos toca, porque ve la señal de la sangre en nosotros ("Ángel de la muerte" es lenguaje figurado). Llama la atención que aquellos que no estuvieran puros para celebrar la Pascua, debían esperar un mes hasta que estuvieran puros y así celebrarla.

Por último, el registro de todos los que son aptos para la guerra es un recordatorio para nosotros entender que hay que estar siempre alertas, como enseña nuestro Señor Jesús: "Velad y orad para que no entréis en tentación". También Pablo nos explica que nuestra lucha con es contra carne y sangre sino contra potestades de las tinieblas, y nos enseña como pelear esa batalla (Efesios 6:10 en adelante).

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