La mujer que recién ha dado a luz es considerada impura y debe someterse a una cuarentena. Se prescriben estrictas medidas para el manejo de las afecciones de la piel. Por último, se presenta una detallada lista de los animales con los cuales se podía estar en contacto e incluso comerse, es decir animales declarados limpios, y aquellos que eran todo lo contrario, a los que se les declaraba impuros, es decir causantes de contaminación.
En cuanto a la condición de impureza de la mujer que recién ha dado a luz a una criatura, debe señalarse que esto tiene mucho sentido en el contexto en que se diagnostica la condición. Significa que aunque la mujer era lavada (dando por sentado que era lavada, y que la criatura también era lavada), la cantidad de flujos y la placenta que excretó en el momento del nacimiento del niño era tan grande que resultaba necesario esperar los resultados del lavamiento. Hoy se sabe que los flujos que se excretan al dar a luz, una vez que están fuera del cuerpo de la mujer pueden ser altamente contaminantes porque entran en contacto con los microorganismos del ambiente. Independientemente de que se haya lavado, ella debía apartarse, obviamente junto con el recién nacido, con el fin poner una barrera a la contaminación que podía ser perjudicial para los demás.
Las estrictas medidas relacionadas con el manejo de la piel son dignas de un análisis desde la perspectiva de un salubrista público. Es importante señalar que estas medidas fueron ignoradas por los médicos por siglos hasta mediados del siglo XVII, cuando surge la disciplina de la microbiología y los seres humanos se empiezan a dar cuenta de la existencia de los microorganismos causantes de enfermedades. Si los médicos anteriores a estos descubrimientos hubieran tomado en serio las medidas prescritas por Dios por medio de Moisés unos dos mil quinientos años antes, muchas muertes por infección se hubieran evitado. De hecho hay autores médicos creyentes que consideran que la posibilidad de que Moisés hubiera recibido ese conocimiento de la civilización egipcia era muy remota, pues las recetas de ellos eran de las más disparatadas que podía haber. El tema de la prevención de enfermedades estaba perfectamente revelado, no desarrollado, en los tiempos de Moisés, lo cual es una prueba más de la inspiración divina de las Escrituras.
En cuanto a la identificación de animales causantes de contaminación y a la necesidad de evitar contacto con ellos, y evitar comerlos, es digno de admiración el hecho de que en efecto se trata de animales cuya ingesta es peligrosa, lo cual constituye un dato muy llamativo en cuanto a la forma como Dios protege a los suyos de enfermarse por ignorancia.
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