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Friday, May 14, 2021

Día 30 del plan de lectura (Éxodo 19, 20, Números 33:15, Éxodo 21)

Resumen de la lectura y notas (Adaptado de http://www.wycliffenz.org)

Cincuenta días después de la Pascua, en el monte Sinaí (Horeb), Dios prescribe Su Pacto con 10 reglas principales y otras leyes. El Nuevo Testamento llama a este día Pentecostés, la palabra griega para 50.

Note Éxodo 20:23: En Egipto, la gente había aprendido a adorar a los dioses egipcios y sus ídolos, allanando así el camino para futuros problemas espirituales, como pedirle a Aarón que hiciera el becerro de oro (Éxodo 32: 1). El ídolo del toro, símbolo de fertilidad y fuerza, era popular en Egipto.

Comentario

Verdadera promesa

¡Esto sí que es una promesa! Leamos:
"Ahora bien, si me obedecen y cumplen mi pacto, ustedes serán mi tesoro especial entre todas las naciones de la tierra; porque toda la tierra me pertenece. Ustedes serán mi reino de sacerdotes, mi nación santa" (Éxodo 19;5, 6).
¡Esta es la madre de todas las promesas! ¡Lo es porque quien la hace es Aquel a quien toda la tierra le pertenece! Notemos que esta promesa también es para los que vivimos dentro del nuevo pacto, y es de parte del mismo a quien toda la tierra, y no solo la tierra sino también el Universo le sigue perteneciendo: 
Pero ustedes no son así porque son un pueblo elegido. Son sacerdotes del Rey, una nación santa, posesión exclusiva de Dios. Por eso pueden mostrar a otros la bondad de Dios, pues él los ha llamado a salir de la oscuridad y entrar en su luz maravillosa (1 Pedro 2:9).
La clave para entender correctamente estas promesas está en no perder de vista el vínculo implícito. Es un vínculo que se crea mediante la obediencia de todo corazón, la sumisión, la aceptación de Su voluntad. Es un vínculo que llega a ser real para la persona que aprende a ofrendar su cuerpo como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios y que deja de conformar su mente a este siglo y renueva su entendimiento para comprobar cuán buena, agradable y perfecta es la voluntad de Dios.

En otras palabras, no se trata simplemente de obedecer y cumplir el pacto; se trata también de entender lo que significa ser Su tesoro especial entre todos los pueblos, de modo que la obediencia y el cumplimiento sean motivados por el hecho de que Él merece, Él es digno de ello.

En los versículos 9 al 13 se nos da una mejor idea de la naturaleza de ese a quien pertenece toda la tierra y el Universo.  Su naturaleza es tal que acercarse a Él implicaba para ellos una verdadera preparación y aprender a guardar la distancia. Notemos las palabras con que se advierte al pueblo:
«... Marca un límite alrededor del monte y dile al pueblo esta advertencia: “¡Tengan cuidado! No suban al monte, ni siquiera toquen los límites. Cualquiera que toque el monte, será ejecutado. Ninguna mano puede tocar a la persona o al animal que traspase el límite, sino que esa persona morirá apedreada o atravesada con flechas. Ellos tendrán que morir. Sin embargo, cuando se oiga un toque prolongado del cuerno de carnero entonces el pueblo podrá subir al monte» (Éxodo 19:12, 13).
Estas son palabras para meditar. Son palabras que intentan dar una idea de la naturaleza santa de Dios, de que Él ciertamente habita en luz inaccesible (1 Timoteo 6:16). Todos necesitamos meditar profundamente para tratar de entender este aspecto de la naturaleza de Dios, el aspecto de Su ira, del espanto que Él es para el pecador, el hecho de que Él es fuego consumidor. En la medida que se haga meditación sobre este aspecto de Su naturaleza, en esa medida Su perdón, Su misericordia, Su amor cobran valor en nuestras mentes como un verdadero tesoro que hace que ya nada más importe.

Los diez mandamientos

La lectura de hoy abarca las reglas del pacto, es decir, los diez mandamientos. Estos mandamientos tienen otro enfoque en el pacto actual, el pacto de la justificación en Cristo Jesús, el cual genera la motivación para guardar mandamientos para la gloria de Dios. Ya los mandamientos dejan de estar escritos en piedra, y  se escriben en tablas de carne, del corazón (2 Corintios 3:3-6, Hebreos 10:15-17), es decir a la persona regenerada, justificada y redimida le nace de corazón guardar mandamientos, ya no se le tienen que imponer desde afuera.

Estatus de la mujer

En Éxodo 21:1-11 se presenta un revelador cuadro del estatus de la mujer dentro del pacto antiguo. Llama poderosamente la atención que la mujer era propiedad del hombre libre, no del esclavo. Si un varón entraba en contrato de esclavitud estando soltero, y se casaba posterior al inicio de su período de esclavitud, no podía considerar suya la mujer después de cumplido el  contrato de seis años. El dueño de esa mujer seguía siendo su amo. Solo si él aceptaba seguir siendo esclavo podía conservar la mujer. En ese pacto también se permitía que un hombre tuviera más de una mujer con tal de que pudiera mantenerlas.

Hoy, como sabemos, en el nuevo pacto, "no hay ni varón ni mujer" (Gálatas 3:28), para Dios somos iguales, valemos lo mismo, ambos regenerados y redimidos por la misma sangre del pacto. Por lo tanto, rige el voto matrimonial del cual Dios pide cuenta.

Leyes de compensación (Éxodo 21:13-35)

Estas leyes se resumen en una sola: "... ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie" (Éxodo 21:24).

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