En la lectura de hoy, que incluye los primeros cuatro capítulos de Levítico, leemos sobre Moisés meditando sobre el tabernáculo y a Dios dándole instrucciones sobre las ofrendas. También se nos presentan las ofrendas de la tribu de Rubén.
Todo el tema del libro de Levítico parece indicar que Dios desea que ellos vivan una vida ordenada, santa y de complete obediencia con el fin de prepararlos para hacerle frente a las potestades espirituales de maldad que regían la tierra a la cual estarían entrando pronto.
Esto es lo que se lee al comienzo de Levítico 1: "... y el Señor aceptará la muerte del animal en tu lugar a fin de purificarte y hacerte justo ante él". Aquí ya se está prefigurando el propósito de la muerte del Cordero de Dios que es Cristo. ¡Él aceptó la muerte de Jesús en tu lugar y el mío, con el fin de purificarnos y hacernos justos delante de Él!
En el capítulo 4, esto es lo que leemos: "Mediante este proceso, el sacerdote purificará a los israelitas y los hará justos ante el Señor, y serán perdonados". ¡Qué hermoso! Como ya se haesde este momento se viene prefigurando la forma como Dios haría justos a los Suyos en el sistema de adoración que es en espíritu y en verdad.
En general, en esta lectura, se presentan las siguientes ofrendas: el holocausto, de granos de paz y por el pecado. Sería interesante hacer un estudio de lo que significan cada una de estas ofrendas.
Llama la atención que en la ofrenda por el pecado, los restos del animal debían ser quemados fuera del campamento. Este es un detalle que el autor de Hebreos aplica tal como se lee a continuación:
Bajo el sistema antiguo, el sumo sacerdote llevaba la sangre de los animales al Lugar Santo como sacrificio por el pecado, y los cuerpos de esos animales se quemaban fuera del campamento. De igual manera, Jesús sufrió y murió fuera de las puertas de la ciudad para hacer santo a su pueblo mediante su propia sangre. Entonces salgamos al encuentro de Jesús, fuera del campamento, y llevemos la deshonra que él llevó. Pues este mundo no es nuestro hogar permanente; esperamos el hogar futuro (Hebreos 13:11-14).
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